Por: Lucía Oronoz Urroz.
Muchas personas pasan por nuestras vidas, miles tal vez. Personas con las que compartimos momentos, trabajos y diversión. Pero pocas son las personas que, de entre tantas, elegimos libremente para que se queden en nuestras vidas, y en coincidencia, nos eligen con la misma libertad, para que nos quedemos en la suya.

Nos eligen y elegimos a la vez, en una sinergia tal que amamos del modo que solo amamos a los amigos, y es mutuo.
Es precioso, asombroso y difícil de explicar el modo en que ésto sucede.
Hablamos de personas que la mayoría de veces no llevan nuestra sangre, que han sido criados por padres diferentes a los nuestros, en ambientes sociales y culturales muy diversos; hablamos de una persona con quién de pronto nos miramos y se produce un vínculo que nos hace quererla en nuestra vida, posiblemente para siempre.
Considero que la amistad verdadera es uno de los amores más genuinos dado que, nada nos une, pero hacemos que todo nos una.

Hablamos de una persona con quién de pronto nos miramos y se produce un vínculo que nos hace quererla en nuestra vida, posiblemente para siempre.
Algunos amigos se quedan un momento en nuestras vidas, aprendemos de ellos y somos soporte mutuo, luego desaparecen, dejándonos un recuerdo grabado.
Otros se quedan un rato más largo y forman parte importante de nuestras diferentes etapas de vida.
Otros se quedan para siempre y son los hermanos elegidos.
Hay amigos que nos llevan unos cuantos años, o se los llevamos a ellos, y sin embargo, hablamos el mismo «idioma».
Hay amigos del mismo sexo y del opuesto, pues esa amistad también es posible, a pesar que algunos piensen que no.
Y hay amigos dentro de la familia, personas que en realidad son primero nuestros amigos, porque así lo elegimos y sentimos, y que por coincidencia, son familia. Eso significa que entre nuestros hermanos, padres, tíos o primos, podremos tener al favorito, porque se trata de ese amigo que por casualidad, también es familia.

Y aquí nos vamos a detener un instante.
Si te sientes más cómodo con un amigo o prefieres pasar más tiempo con un amigo que con un familiar, no te sientas culpable.
No eres por eso mal hijo, mal padre, mal hermano, mal tío. Solo se trata de conexión, humana e inevitable.
Y si ese amigo tuyo es además tu familiar, entonces felicidades!!!
¿No te ha pasado que te separas de un amigo o amiga y cuando te encuentras sientes mágicamente que nada cambió, que lo viste el día anterior, cuando en realidad pasaron varios años?.
En la amistad verdadera se genera un amor tal que la separación no existe.
Si te sientes más cómodo con un amigo o prefieres pasar más tiempo con un amigo que con un familiar, no te sientas culpable.

Comparto la idea de que los amigos son un apoyo, sin embargo muchas veces no necesitamos de apoyo porque nada difícil nos está sucediendo, pero nuestro corazón nos lleva a ellos de todos modos.
Eso me hace reflexionar acerca de que un amigo es mucho más que alguien con quien contar, es alguien con quien simplemente deseamos estar.
Agradece siempre tenerlos, cultiva la amistad sabiendo de ellos, busca momentos para verlos o hablarles, no dejes de pasar tiempo con ellos, pregunta cómo están, bromea con ellos, pídeles ayuda cuando los necesites y dásela cuando sea a la inversa, aconsejalos y deja que te aconsejen, escúchalos y deja que te escuchen.
Te invito a que le digas a tus amigos cuan importantes son para ti, cuánto los quieres.
¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste?
El camino nos sorprende y no sería la primera, ni la última vez, que en algún instante de nuestras vidas nos encontremos cara a cara con esa persona elegida con libertad, y terminemos acompañándonos mutuamente cada día de los últimos años de nuestra vida.
Dedicado a ti, tú sabes por qué.
Un amigo es mucho más que alguien con quien contar, es alguien con quien simplemente deseamos estar.


